Utilidad Social / Agitación. Generación de red


Adentrarse en un proyecto de “cooperación cultural” nos generaba muchas preguntas que no nos habíamos hecho hasta entonces –sobre el término “cooperación” más que sobre el término “cultural” y, sobre todo, la relación entre ellos–. El arte y la cultura siempre las hemos entendido como herramientas de transformación social y servicio público, por lo que se corría el riesgo de caer, confundiendo el concepto de “servicio público”, en la cooperación asistencial y unidireccional. Nos interesaba mucho más, en cambio, el concepto de  transformación que el de servicio público. Una transformación que se realizara en todos nosotros –entendiendo nosotros como “ellos y nosotros”–.

Frente a la cooperación al desarrollo entendida precisamente como desarrollo –¿qué desarrollo? ¿quién desarrolla a quién?– queríamos experimentar la cooperación en el sentido de “operar conjuntamente”. La cooperación, al realizarse entre personas, entre el nosotros y los otros, se trata por definición propia de una cooperación cultural, intercultural si se quiere. Cooperar implica por tanto varios agentes, y varios agentes, si están relacionados, construyen una red.[ref]Esto, por ejemplo, es la Red de Centros Culturales de la AECID. En este caso habría que preguntarse: ¿Qué pasa con las redes locales ya existentes de cada ciudad? ¿Estos Centros generan red en las ciudades o sólo entre ellos? ¿Se intercambian esas redes? ¿Están en contacto con redes informales o sólo con institucionales? Demasiadas preguntas, por eso nos vamos a centrar en este texto en la red que han producido, o no, nuestros proyectos, independientemente de los Centros Culturales.[/ref] Esto tiene que ver también con el carácter procesual de los proyectos. Y el proceso implica conocer la realidad local, ponerse en contacto con las personas que se desenvuelven en esa realidad e implicarse CON ellas, es decir, implica red.

La red en los proyectos de RUS

En el caso de los proyectos de RUS, la utilidad social de la práctica artista se plantea en un contexto abierto y flexible, de carácter horizontal donde todos los agentes trabajan multidireccionalmente, no hay jerarquías sino red. Estas premisas que planteábamos desde el principio –lugares comunes muchas veces– se han llevado hasta el final en todos los proyectos, aunque con diferente grado de intensidad en el desarrollo final. Existen responsabilidades, que se comparten o se asumen en diferente grado, pero la horizontalidad es clave para tener claro estos grados de responsabilidad asumidos. Al final los proyectos terminan definiéndose con la aportación de todos a partir de unos ejes principales, un marco generado por RUS y por el contexto, dispuesto a romperse en cualquier momento.

Los proyectos RUS se establecen como conexión entre ámbitos diferentes dentro de la misma ciudad para trabajar en colaboración directa, tratando de evitar cualquier posible paternalismo. Se ha tratado de implicar en procesos de creación colectiva a agentes artísticos y culturales, pero también a grupos sociales que generalmente tienen un acceso más difícil a la cultura. De esta manera se ha conseguido muchas veces crear una red diagonal: de arriba abajo y de izquierda a derecha. Por la envidiable posición de nodo con la que cuentan los CCE, a través de ellos hemos podido acceder a distintos planos de la sociedad, y por la habitual amplitud de nuestros intereses, hemos podido mezclar situaciones y personajes muy distantes. En algunas ocasiones, esos personajes querían haberse conocido antes, pero no lo habían logrado. Y muchos, han acabado siendo amigos.

Llegados a este punto es necesario preguntarse: ¿Realmente hemos generando red más allá de la que se genera de forma natural al trabajar con otros? ¿Una red que permaneciera más allá del proyecto? Frente a la red entre iguales –redes que normalmente ya existen por si solas–, efectivamente se han generado cruces entre agentes diferentes, la cuestión es saber si esa red ha permanecido en el tiempo, más allá de nuestra visita, una vez terminado el proyecto.

Desde la definición del proyecto RUS se plantea la red como herramienta, no se trata de una evaluación a posteriori. En las diferentes ciudades esta red se ha generado, se ha reforzado o se ha creado una nueva. Si en Santo Domingo apenas se generó una red, en Lima o en Buenos Aires la cantidad de colaboradores fue muy numerosa y de diferentes disciplinas. En los casos de Guatemala ya estaba creada esta red, pero sirvió para experimentar otras herramientas nuevas que nunca antes se habían planteado allí. En Puerto Rico también se trabajó con muchos colaboradores diferentes pero desde una centralidad del proyecto –se trataba más de una convocatoria abierta a los artistas–, lo que no generó una red que pudiera permanecer en el tiempo más allá de la que ya existía entre ellos. En RUS Miami, proyecto que rompió el hielo y marcó muchas pautas, se produjeron cruces entre artistas diferentes que no se conocían. En México se trabajó en la comunidad del FARO de Oriente y desde allí se establecieron también conexiones hasta entonces improbables que aún hoy continúan.

Precisamente es la red la que da continuidad a los proyectos, ya que todos ellos han resultado efímeros. Los proyectos efímeros provocan la necesidad de reinventarse continuamente y para ello necesitan una red que los sostenga. Esta continuidad del proyecto ha funcionado en algunos casos, como el de Lima donde posteriormente se ha replicado el proceso en otros lugares de la ciudad por parte de los colaboradores. En otros es difícil comprobarlo –se evidencia una falta de evaluación y seguimiento de los proyectos, no planteada en los planteamientos iniciales de RUS–. La apuesta grande es, por tanto, conseguir generar un marco físico y relacional que tenga continuidad y que permita el desarrollo de futuros proyectos de colaboración. Esto todavía está por ver en muchos casos.

La agitación como tejedora de red, de acción y de ilusión

Una de las reacciones que más nos ha sorprendido es la agitación que generan alrededor los proyectos que se han llevado a cabo. Hoy todavía nos preguntamos: ¿Por qué se genera? y también: ¿Por qué luego se apaga? ¿Realmente se apaga?.

Esta agitación es generada a partir de la irrupción de un elemento extraño –nuestra presencia extranjera– en el trabajo local cotidiano, avalada y financiada por la cooperación española, lo que implicaba que se trataban de proyectos con presupuesto relativamente alto, algo infrecuente en los entornos donde nos hemos movido. Que esa situación extraordinaria no se convertiera en “extraña” ha sido difícil de lograr. En ese sentido, era importante que nadie se sintiera violentado u obligado, porque entonces te conviertes en un fenómeno que irrumpe destructivamente en el ecosistema creativo local, y se rompe ese tejido de red emocional y profesional, necesario para llevar a cabo los proyectos RUS.

A partir de esa agitación se genera la red. Esta agitación produce una alteración en varios niveles: en el mundo del arte –la comunidad artística local que se involucra directamente–; en el Centro Cultural –la flexibilidad del proyecto choca con los tiempos de la institución– en la comunidad –el barrio, los usuarios de un espacio público, el colectivo de recolectores…–; y en la vida cotidiana –la amistad y la densa red afectiva que surge con los colaboradores–. Esta agitación ha alterado sobre todo a la comunidad artística local. En cambio en las comunidades sociales, debido al escepticismo y al desconocimiento hacia lo que es Basurama –el otro, el extranjero, el del presupuesto–, la alteración ha sido mucho menor. Una excepción en sentido opuesto donde la agitación pudo ser contraproducente fue el caso de México, donde el colectivo de los pepenadores se generó unas ilusiones que no eran acordes a los objetivos planteados. Prueba de esta agitación general es la repercusión en los medios de comunicación de casi todos los proyectos RUS, en los periódicos locales de tirada nacional y en medios independientes. Sólo en algunos casos, se ha generado agitación en forma de rechazo en los medios, como es el caso de Montevideo, denunciando una acción que se llevó a cabo en contenedores de basura[ref]Ver RUS Montevideo[/ref].

Se puede decir que los proyectos de RUS ofrecen espacios de intercambio social donde se producen “modos de sociabilidad heterogéneos”[ref]Estética relacional. Nicolas Bourriaud. AH 2006, reeditado en 2008.[/ref]. Es en estos intersticios sociales donde se generan nuevas “posibilidades de vida”, la interacción con el medio y con los otros. Este es el motor de acción de RUS, las relaciones entre las personas. Desencadenantes para que ocurran cosas, para generar agitación, pero también para generar y experimentar herramientas de acción que puedan aportar y sumarse a la gran creatividad social latente que existe en Latinoamérica.


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