Nuestro Aporte

Exposición / Instalación
León, España
2017
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No hay sistema en el mundo, hoy en día, que pueda gestionar el exceso de basura que hemos producido en los últimos 20 años.

Ni en León ni en ningún otro sitio puede haber la capacidad de gestionar, limpiar, separar, procesar, tratar y transportar toda la basura que se genera. Estos verbos se vienen asociando a la industria del reciclaje como eufemismos, sueños o proyectos de una empresa humana prácticamente inalcanzable: deshacerse de los milllones de objetos que se desechan cada día: no es un problema técnico o ambiental: la basura es la hermana del consumo, y el consumo es el signo de nuestros tiempos, nuestra identidad histórica.

La basura, en su amplísima mayoría, se sigue enterrando hoy en día, aunque los sistemas de reciclaje han sido implantados en muchísimos lugares (destruyendo por el camino los sistemas de reducción y reutilización que prioriza la regla de las 3 R, y renombrando algunos vertederos como “zonas ecológicas”). Sin embargo, antes de que se lograra reciclar el 15-20% de las basuras que se desechan (de media en el Estado español), se fueron depositando en las décadas previas miles de toneladas de basuras que ya han pasado a formar parte del suelo que pisamos.
En León, en las dos últimas décadas, parece que la basura ha insistido en emerger, en no dejarse enterrar.

Durante meses, Basurama investigó el territorio de León y el universo de su gestión de basuras.
El de León es un territorio paradigmático de la mala gestión de residuos: por su estructura de muchos núcleos de población dispersos, las basuras circulan por una región de un gran tamaño, por donde se han ido distribuyendo los residuos a lo largo de las décadas.

La empresa pública de gestión ha venido vinculada a la muy polémica diputación, y también ha tenido varios casos recientes de mala gestión, además del llamativo caso de un peregrino que apareció muerto en el vertedero.

Escombreras ilegales convertidas por arte del “greenwashing” en zonas ecológicas, basuras mal enterradas que emergen a la superficie, vertidos de basuras que terminan en ríos, etc.

Fuimos recopilando recursos por toda la región, desde escombreras lejanas hasta el plástico que produce constantemente el propio museo, y los apilamos en la instalación.